
Ni por mucho que se ponga a Alonso al frente de la portavocía, ni por más que Pepiño dé por un lado y recoja por otro, las intenciones del PSOE van a cambiar. Es más, diría yo que se han radicalizado en ese intento de mostrar la misma imagen bondadosa y dialogante de Zapatero y su gabinete desde cuatro para acá.
Y si alguien tenía dudas, las estrellas de la función serán PNV, BNG y CiU, una nueva ampliación de ese Tinell tan desconocido para Zapatero y tan doloroso para España. Porque independientemente de las afinidades, la razón democrática mandaba la unión de PSOE y PP, o al menos, los intentos, en los grandes retos políticos.
Aún no ha comenzado la función y los niños malcriados de la democracia se han resevado el derecho de admisión, con sus lenguas milenarias incluídas, y se han opuesto a todo lo que los españoles desean. Y todo, con el beneplácito de la mirada paternal de un PSOE que dice amar la libertad y que ha sido votado por once millones de gentes que viven en un Estado que quiere dejar de ser España.
¿Qué podrán aportar al desarrollo de España Quintana, Ibarretxe, Urkullu, Lérida y toda la caterva de "odiadores oficiales" de lo rojigualda? Pues, parece ser que el PSOE cree que mucho, y tanto que el segundo partido más votado, como ellos, en las elecciones del 9 de marzo no está en las listas socialistas de contribuyentes al crecimiento de España que, por otro lado, de eso trata el teatro de los leones, las tarimas y los agujeros de las balas de Tejero. Vamos, que si les han votado, es que tendrán razón, o por lo menos eso es lo que dicen ellos. Y aún hablan de que sólo trabajan para España. Pero, para toda ella seguro que no.Pongo la mano en el fuego