Podemos ver en Minuto Digital que la cadena de televisión La Sexta insulta a la Iglesia con un nuevo programa , "Salvados por La Iglesia", al gusto de lo que se lleva hoy en España, seguramente lo más in en el abanico televisivo español. Y, como podemos intuir, ningún programa de televisión se emite sin el correspondiente estudio de audiencia potencial y sin la avidez propia de los que siempre esperan encontrar algún argumento para afianzarse en su anticristianismo.Mientras los francotiradores permanencen escondidos rumiando la próxima sangría, el grueso del ejército ataca a cara descubierta para que el enemigo vea que no tienen miedo y para que su general no se los cargue a las primeras de cambio por no haber cumplido con el deber del soldado, hasta dar la vida.
Poque la única forma para que la mediocridad y el canguelo no sean percibidos por el rebaño y queden ocultos tras grandes audiencias y los grandes sobres de quinientos, es darle gusto al general y atacar al que pone la otra mejilla, al que todo lo soporta y al que se le niega su derecho a la defensa propia.
La Iglesia es el gran chollo de los engendros televisivos, porque cuando la audiencia desfallece o el nieto de su abuelo fusilado le da por dirigir su pulgar hacia abajo, andreus, folloneros, evitas, wyomings o jordis, primero se rasgan las vestiduras, después se suben al pedestal de la razón y al final se cachondean compulsivamente obviando derechos, códigos penales y hasta la educación que recibieron de sus padres.
Zapatero y sus vástagos, primero, lanzan los anuncios de reformas como contramedida a algunos chillidos eclesiales, luego, el ejército se lanza despavorido a poner en práctica la estrategia de los mandos, a convertir a la Iglesia y a todos los católicos en basura ciudadana sin posibilidad de réplica, y así, aniquilar la cultura, la historia y las raíces. Técnicas torticeras para un presidente traidor, sectario y con ansias de eternidad. Esperanzadoramente, la historia se repite, y todos sabemos cómo acaba.





El PSOE está desquiciado. Pocos, con sentido común, pueden dudar de dicha afirmación. La manifestación del 30 de diciembre les hizo mucha pupa, no porque se sientan afectados por la presencia de cientos de miles de personas defendiendo algo que ellos no defienden, sino porque no pueden aguantar que la gente tenga opinión propia, y mucho menos, los obispos.
