martes, 1 de noviembre de 2005

El callejón sin salida

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Siendo políticamente incorrecto, he de decir que el cine español no me hace demasiada gracia porque, cuando me atrevo a visionar una cinta autóctona, me da la impresión de que estoy leyendo el País o la revista Zero, o escuchando la Ser, que se parece mucho a España. Pero ayer hice caso omiso y pagé cinco euros de mi escueto bolsillo para ver la película "7 Vírgenes". Me habían hablado muy bien de ella y de cómo toda la realidad social de los jóvenes de nuestro país quedaba fielmente reflejada.

La descarnada historia de los protagonistas me hizó que pensar, pero no me contó nada nuevo, porque no hace falta ver películas en el cine a cinco "leuros" para constatar la situación más que alarmante en la que se encuentran los dueños del siglo XXI, solamente darse un paseito por cualquier ciudad española, sobre todo, si es de Andalucía o meterse en un aula de 3º de ESO. Drogas, sexo, familias rotas, delincuencia de alto rango, robos, palizas, muertes... nada, lo normal.

Todo empieza en un reformatorio con un chico que es intrínsecamente bueno pero que la sociedad lo ha hecho malo. Y me pregunto yo, ¿qué sociedad lo ha hecho malo? ¿Dónde se encuentra el punto inicial del derrumbe personal de los jóvenes?
Unos padres que no le dan a su hijo un cate en el culete cuando las palabras no convencen porque temen que vaya a coger un trauma y se largue de casa pocos años después, es un comienzo. Pero un sistema educactivo en el que prima la autoridad del alumno frente al profesor, un sistema en el que la memoria y el estudio conceptual son observados con recelo (tal y como manifiesta la LOGSE y la LOE), un sistema que favorece la indisciplina y la falta de esfuerzo y que todo lo que suene a educar verdaderamente está mal visto, no puede menos que dejar de ser lo que pretende en el papel.
Y la televisión, la gran puerta a las frustraciones, con sus modelos de fiesta en fiesta. Y los políticos, enfrascados en descubrir el elixir contra la botellona que ellos mismos han creado y han favorecido, junto a sus componentes sólidos fumables o inspirables. La preocupación ya no es evitarla, sino dónde meter a tanto ruidoso, buscar un sitio donde dejen volar su imaginación y no molesten.
Y la falta de esperanza, la falta de futuro, el callejón sin salida al que se ven llevados los jóvenes que sólo piensan en parecerse a los que han triunfado sin hacer nada. ¿Qué vendrá después? Reaccionar. Así nos va. Mientras que los políticos sigan intentando conseguir su deseado consenso...
Al final, la película consiguió su propósito y me dieron ganas de solucionar todos los problemas de nuestra perdida juventud. Y, cuando salí del cine, tuve que salir corriendo para protegerme de una pelea con botellas rotas y navajas entre quince jóvenes de chándal blanco del mercadillo, bajo una nube de humo que hablaba en grifa. Nos salvamos, pero estoy seguro de que más de uno no lo logró.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fede, no he visto la película que mencionas, pero tampoco veo una critica cinematográfica en tu artículo.
Me pregunto, ¿ por qué la utilizas como un medio manipulador?. Bueno, quizás te sirva para entrar en lo que más te preocupa. Lo demuestras en tus preguntas, que las considero muy profundas y cargadas de buenas intenciones.
Al desarrollarlas comparto contigo que la preocupación social y política no es solucionar, más bien que no se vea o al menos no lo vea , y si hace falta que se mire para otro lado.
Si, a eso le llaman muchos saber educar.
Fede, gracias por no mirar para el otro lado.

Fede dijo...

Amigo anónimo, uso al película para manifestar todo aquello que no sale en la misma. Sólo aparecen las consecuencias, no las causas. De modo que al verla se hace presente el derrotismo típico al pensar en los jóvenes del siglo XXI. Hago referencia a la educación como el primer motor de una vida plena y rica, y cómo el afán de mejorar la educación, por ejemplo, se convierte en el fermento de la delincuencia y la falta de civismo. Gracias por tu comentario y tus palabras de ánimo. Un saludo.