El Che Guevara será homenajeado en Sevilla. Y esto sería del todo respetable si no fuera por el hecho de que dicho homenaje será patrocinado por el Ayuntamiento de Sevilla, y no por sus miembros a título personal, sino con el dinero de todos los sevillanos.
Si este personaje fuese mundialmente reconocido como un luchador por los derechos y las libertades de los pueblos, el homenaje tendría su sentido. Pero, el Che, por si algo puede ser recordado es por su extrema violencia y por su relieve a la hora de eliminar sin piedad ni miramientos a sus "enemigos", en todos los conflictos en los que intervino y en los que se le otorgó algún puesto de mando.
Y el concierto, forma del homenaje que el Ayuntamiento de Sevilla va a rendir al Che, será, cómo no, pagado con el dinero de todos los sevillanos, aunque la mayoría de ellos no compartan la admiración que tiene, por ejemplo, Francisco Manuel Silva, delegado de juventud y deportes y conocido por sus "parciales" usos del dinero público y por su amistad con los grupos de izquierda más radicales. No es raro verlo en los eventos organizados por IU. Allá cada uno.
Porque, el dinero destinado a homenajear a un asesino como el Che Guevara, ¿será justificado como una necesidad social de todos los sevillanos? ¿Será una actividad de bien común? ¿Supondrá el homenaje una promoción de la juventud sevillana? ¿Intenta este homenaje proponer el antimericanismo del Che o su admiración por Mao y Stalin, como modelo a seguir por la sociedad sevillana juvenil? ¿Es justificable políticamente actos de tal índole? Éstas son las que tienen los sevillanos con su alcalde Sánchez Monteseirín y sus secuaces. ¿qué será lo proximo? Lo que es seguro, es que será un gran espectáculo, digno de cualquier ciudad gobernada por el Partido Socialista. No podría ser menos.
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martes, 1 de noviembre de 2005
El callejón sin salida
Etiquetas:
cine,
educación,
juventud
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Siendo políticamente incorrecto, he de decir que el cine español no me hace demasiada gracia porque, cuando me atrevo a visionar una cinta autóctona, me da la impresión de que estoy leyendo el País o la revista Zero, o escuchando la Ser, que se parece mucho a España. Pero ayer hice caso omiso y pagé cinco euros de mi escueto bolsillo para ver la película "7 Vírgenes". Me habían hablado muy bien de ella y de cómo toda la realidad social de los jóvenes de nuestro país quedaba fielmente reflejada.
La descarnada historia de los protagonistas me hizó que pensar, pero no me contó nada nuevo, porque no hace falta ver películas en el cine a cinco "leuros" para constatar la situación más que alarmante en la que se encuentran los dueños del siglo XXI, solamente darse un paseito por cualquier ciudad española, sobre todo, si es de Andalucía o meterse en un aula de 3º de ESO. Drogas, sexo, familias rotas, delincuencia de alto rango, robos, palizas, muertes... nada, lo normal.
Todo empieza en un reformatorio con un chico que es intrínsecamente bueno pero que la sociedad lo ha hecho malo. Y me pregunto yo, ¿qué sociedad lo ha hecho malo? ¿Dónde se encuentra el punto inicial del derrumbe personal de los jóvenes?
Unos padres que no le dan a su hijo un cate en el culete cuando las palabras no convencen porque temen que vaya a coger un trauma y se largue de casa pocos años después, es un comienzo. Pero un sistema educactivo en el que prima la autoridad del alumno frente al profesor, un sistema en el que la memoria y el estudio conceptual son observados con recelo (tal y como manifiesta la LOGSE y la LOE), un sistema que favorece la indisciplina y la falta de esfuerzo y que todo lo que suene a educar verdaderamente está mal visto, no puede menos que dejar de ser lo que pretende en el papel.
Y la televisión, la gran puerta a las frustraciones, con sus modelos de fiesta en fiesta. Y los políticos, enfrascados en descubrir el elixir contra la botellona que ellos mismos han creado y han favorecido, junto a sus componentes sólidos fumables o inspirables. La preocupación ya no es evitarla, sino dónde meter a tanto ruidoso, buscar un sitio donde dejen volar su imaginación y no molesten.
Y la falta de esperanza, la falta de futuro, el callejón sin salida al que se ven llevados los jóvenes que sólo piensan en parecerse a los que han triunfado sin hacer nada. ¿Qué vendrá después? Reaccionar. Así nos va. Mientras que los políticos sigan intentando conseguir su deseado consenso...
Al final, la película consiguió su propósito y me dieron ganas de solucionar todos los problemas de nuestra perdida juventud. Y, cuando salí del cine, tuve que salir corriendo para protegerme de una pelea con botellas rotas y navajas entre quince jóvenes de chándal blanco del mercadillo, bajo una nube de humo que hablaba en grifa. Nos salvamos, pero estoy seguro de que más de uno no lo logró.
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