domingo, 4 de diciembre de 2005

La sencilla hipótesis de la Constitución

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Dicen que entre varias hipótesis sobre un mismo objeto, la más sencilla suele ser la verdadera. Y nada desdeñable es el objeto que ocupa a propios y extraños con respecto al valor de la Constitución Española, para los que la defienden a su manera y para los que alzan la voz asumiendo las consecuencias.
Si el Partido Socialista critica el acto del Partido Popular en apoyo de la Constitución, lo hace, según ellos, porque persiguen unos fines partidistas tácitos en sus formas y exagerados en sus reivindicaciones. El PSOE se ha negado a asistir y a compartir el sentimiento democrático nacido del 78. Y la respuesta más sencilla no es, y esto es patente, la doble intencionalidad del PP, sino el miedo a perder el apoyo de sus amigotes separatistas.
La lógica de los actos y decisiones del partido del gobierno es palmaria. Si el pacto del Tinell niega cualquier posibilidad de acuerdo, no ya con una tendencia ideológica concreta, sino con el propio PP y, la pequeña minoría de ERC garante de dicho pacto se erige como el socio más recio del PSOE, la conclusión no hace más que seguir a las premisas de tales pactos. Si ERC deja de apoyar al PSOE, éste pierde su supremacía en el Congreso y todo caerá por su propio peso, que no es poco. Sólo los educados en la LOGSE serían incapaces de percibir tal relación.
La lógica mediática del partido del gobierno se ha transformado en la manifestación afirmativa de aquello que incumplen por norma, de modo que, el sí encubre un no, y el no su contrario. Si dicen apoyar la Constitución, hemos de saber de antemano, que pretenden lo contrario. Y no porque vayan en contra de la misma, sino porque se han metido en un callejón oscuro en el que les espera Carod, Maragall, los de la piscina, Ibarrexte y Otegui, armados con garrotes. Y Zapatero lo sabe, y también De la Vega, Rubalcaba, Montilla, Blanco, Caldera, Bono, Solbes, Pakito López,... hasta Touriño. Sin olvidar, por supuesto, a nuestro amigo Chávez, el inmarcesible.
Si el PSOE se niega a apoyar un acto en favor de la Constitución Española, venga de donde venga, o es un gobierno iluso con lo que no deberían de gobernar esta nación, o es que no está a favor de la misma. Y si no está a favor de la misma, entonces está en contra. Y si, además, prefieren la compañía de los separatistas catalanes, manifiestos señores antiespañoles, es que prefieren la desmembración de España a cambio de unas monedas de plata en vez de luchar por aquello por lo que su labor adquiere sentido, a saber, la defensa y la garantía de la Constitución Española.
El señor Rubalcaba manifestaba, ya sin sentido y a la deriva, que defender la Constitución en el acto del PP era estar en contra de una parte de España. Por sus palabras, se deduce, que ellos sí que están a favor de esa parte de España, precisamente, la que no apoya la Contitución y desea por todos los medios, dejar de ser españoles pero seguir bebiendo del cántaro de la financiación. Entonces, ¿a quién defiende el Gobierno de España? Suponemos que, fundamentalmente a los separatistas. De hecho, el señor Touriño, no duda es expresar lo bien que se siente al contar con la amistad de los radicales gallegos, que al modo batasuno, legitima el uso de la violencia. Claro, como todos son bienvenidos en este paraíso...
Al final, la hipótesis más sencilla suele ser la verdadera, y en este asunto no hay más vuelta de hoja, porque se está o bien a favor o bien en contra. Si el Presidente del Gobierno, español por supuesto, se decica todos los días a fomentar la bondad de la reforma constitucional y la necesidad intrínseca de la misma, es que muy de acuerdo no debe de estar. Pero hipótesis hay para todos los gustos.

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